Empieza el camino transmedio

Gandia (Valencia). Septiembre de 2021. Casi veinte años después, vuelvo a unas aulas universitarias. Algo -mucho- ha cambiado desde que me licenciara en Comunicación Audiviovisual. Los medios ya no son lo mismo -ni quien escribe tampoco. Por aquel entonces todavía comprábamos periódicos en papel, sólo bailábamos en las discotecas y no tras una pantalla tiktokera y las fake news no nos bombardeaban cada día… lo que lo hacía era el ruido del fax al enviar los teletipos a los medios -así enviaba yo las noticias desde esta universidad allá por julio de 2003. Pues sí, algo ha cambiado y mucho en los medios de comunicación.

Y en la formación de los que entran en este mundo, también. Y el más claro ejemplo -o al menos, el más cercano- es este blog con el que inicio mi camino transmedio. Y no lo voy a hacer para hablar de los nuevos formatos, el último hit de Ibai o las nuevas influencers científicas . No, arrancamos este camino transmedio hablando de Soft skills. No hay duda: algo ha cambiado en nuestra formación, porque estas habilidades blandas jamás estuvieron en los planes de estudio de los que nos acercamos a la facultad allá a finales de los 90 y salimos de ella iniciando aquel año que George Lucas imaginó una odisea en el espacio.

¡Allá vamos!

Estreles, obrint camins

KANBAN: PROYECTO ESTRELES, OBRINT CAMINS

Esta iniciativa nace con el objetivo de acercar la ciencia hecha por mujeres a la infancia, a través de la figura de seis destacadas científicas, referentes en sus respectivas áreas de investigación. Se trata de Anna Lluch, Nuria Oliver, Amparo Chiralt, Elvira Costell, Alicia Cordero y Camilla Milleto, quienes darán nombre a las aula del centro infantil Vera de la UPV. El proyecto se presentará el 8 de febrero, en el marco de los actos de día internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

La aplicación de este modelo de planificación permitió mejorar la comunicación y gestión con todas las partes implicadas (ilustradora, investigadora, rectorado, centro infantil y Área y medios de comunicación) lo que facilitó una correcta presentación del proyecto.

En este enlace se puede acceder al resultado final

De Nelson Mandela a Carles Francino y Julia Otero

Si esos periodistas que cada tarde nos abren su Ventana desde la SER y su radio desde Onda Cero leyeran este titular quizá les sorprendería. Igual a ti, lector de este blog, también lo ha hecho. Pero es que los tres encarnan para mí mi ideal de liderazgo; uno como referentes histórico, líder democrático, que ejerce un papel esencial con su «tribu», convertido en un líder irrefutable, respetuoso, con un gran dominio de sí mismo -a pesar de sus circunstancias; con un gran respeto hacia los demás -a pesar de sus circunstancias; indulgente -a pesar de sus circunstancias; humilde y afable. Todo ello está detrás de la figura de Nelson Mandela, y se advierte también, aunque no en su totalidad -obviamente- en la película Invictus.

Hablamos de un líder sinigual en la historia reciente. Y no pretendo ahora poner a Carlos Francino y Julia Otero al mismo nivel que Mandela, porque no tendría ningún sentido; son dos mundos totalmente distintos; dos mundos temporales y de acción que nada tienen que ver. Pero, ¿entonces? ¿Por qué esta analogía? ¿Por qué los dos periodistas comparten protagonismo con este líder político en esta entrada? Porque los dos reúnen los atributos que, dentro de mi ámbito, quisiera para un líder… y todos ellos los comparten con Mandela.

Quizá a mi reflexión le falte información, pero entra en este enlace y saca tus propias conclusiones. Que Francino es un líder carismático, es difícil de refutar; que su intervención es un ejemplo de respeto, humildad y generosidad, es directamente imposible.

Y entra ahora en este otro enlace, que te va a remitir a una de las mejores entrevistas que yo he leído en los últimos años. De su lectura se desprende liderazgo, valores como los que ya no existen -por cierto, quizá habría que recomendar también su lectura a los acólitos de Rober Greene. Ahí lo dejo.

Uno y otros encarnan el tipo de liderazgo que yo querría no ya para un proyecto en el que yo participara, si no para mi (nuestro) día a día. Formar equipo, satisfacer las necesidades de los demás -sin desatender las propias-; creer en unos valores -y defenderlos; mostrar y demostrar tu compromiso sin atender a colores, intereses ni objetivos ocultos. Estas son las claves para mí de un buen liderazgo; lo que extraigo de este tema, uno de los que más conclusiones me ha permitido extraer de este viaje por estas habilidades blandas y que hoy han protagonizado estos tres referentes para mí. ¿

Lo entenderían ahora Francino y Julia Otero? ¿Y tú? Espero que sí.

Si esto es el poder, prefiero arruinarme

Sin duda alguna, si algo provoca leer a Greene es cierta desazón. ¿Realmente es así la sociedad en la que vivimos? Obviamente, los hay que anhelan el poder… ya lo anunciaba Maquiavelo advirtiendo de la ruina a aquellos que pretendían ser siempre buenos frente a ellos. Pero, si he de quedarme en algún bando, más allá de que el propio Greene pudiera tacharme de ingenuo o incluso de mentiroso, lo hago en el de los «arruinados»… en el que, por cierto, creo que compartiría espacio con uno de los grandes descubrimientos de estos meses como ha sido -y ya lo he comentado en alguna ocasión más- Carneggie.

¿De verdad hay que desconfiar más de los amigos? ¿Realmente hay que ser francos solo de vez en cuando? ¿No argumentar? ¿Alejarse de los perdedores? ¿Aparentar ser tonto? ¿Convertirme en una suerte de Mata Hari del siglo XXI? Sí, desde luego Dale me sorprendió mucho y lo hizo para bien; este tal Greene, amigo íntimo se ve que de Maquiavelo, desde luego, no. ¿Todos tenemos ansias de poder? ¿Casi todas nuestras acciones buscan ese objetivo? Yo me bajo, no en Atocha, como diría Sabina; yo me bajo de este tren…aunque me cueste la ruina.

Ver las imágenes de origen

¿O quizá mi lectura ha sido errónea? Puede ser. Porque quizá este libro sea la guía perfecta para sobrevivir en esta jaula de intereses, poderes, luchas internas, celos, dimes y diretes que nos avasallan -y muchas veces nos sorprenden- en nuestro día a día. Un manual para aprender con qué tipo de personas puedo llegar a encontrarme o para descifrar qué se esconde detrás de aquél individuo.

Dice Greene que en su obra recoge más de 3.000 años de historia de técnicas, estratagemas, trucos, claves y ¿consejos? para ejercer el poder. Hay algunas que, leyendo el libro en clave de guía de prevención o haciéndolo como manual del perfecto poderoso -lo de perfecto, habría que volver a ponerlo en duda- sí que considero que son válidas en ambos sentidos. Y una de ellas, para mí, es clave: mantenerse alerta. Ante el poder y ante cualquier situación, para saber discernir al interlocutor -jefe o no, poderoso o no- que tienes delante.

En cualquier caso, no cabe duda de que la lectura -no necesariamente página tras página- de este libro te abre la mente. Lo puedes leer como una auténtica clase de Maquiavelo o como uno de los warning ineludibles de esta vida. Lo hagas de una forma u otra, léelo. Vale la pena y mucho.

En cualquier caso, si se trata de elegir, si el poder es cumplir con este decálogo amoral, en ocasiones cínico, yo prefiero arruinarme.

De cerebros, gallos y equipos

Acabo de descubrir el desafío Marshmallow y deja bien a las claras que, en muchas ocasiones, la lógica y planteamientos de un niño es el mejor espejo en el que mirarse para resolver un reto 🙂 Hecho este apunte, para dar respuesta a las preguntas que plantea esta entrada, lo hago tomando como punto de partida los últimos trabajos en grupo en los que he estado involucrado, tanto a nivel laboral como dentro de este máster. En ellos, ha quedado claro que, sin equipo, no hay trabajo. Y que, como en todos -incluso, en los que ejecutamos a nivel individual- hay unos roles muy definidos.

Según el Instituto Europeo de Educación, ocho son los roles que podemos encontrar en un equipo de trabajo: cerebro, investigador de recursos, coordinador, cohesionador, monitor evaluador, impulsor, implementador, especialista. De todos ellos, ¿cuáles creo que el trabajo fluya? Sin duda, hace falta un cerebro, alguien creativo, que dé ideas para seguir avanzando; un especialista, que aporte al grupo y al trabajo en sí un rasgo distintivo; y, sobre todo, un cohesionador. Sin esta figura, los proyectos saltan por las aires. Conclusión: sin ideas, no hay proyecto; sin expertos, no hay éxitos; y sin buen rollo, no hay ni equipo, ni proyectos.

De todos ellos, como ya me han retratado Belvin y compañía en estaas «habilidades blandas», con el que más identificado me siento y trato de poner en práctica en cada uno de los proyectos en los que participo es el de cohesionador. En todo proyecto en equipo siempre hay puntos de vista diferentes, que pueden acabar en grandes discusiones. Y no todos pueden ser gallos en el mismo corral. Y aquí, de nuevo, aludimos a otra palabra que he repetido en alguna que otra entrada: la empatía. El cohesionador se pone en el papel de uno y otro gallo y trata de que no se conviertan en gallos de pelea… por el bien del proyecto y de todo el equipo.

Dicho este, siempre tiene que haber un liderazgo, sea este individual o compartido. Pero este liderazgo debe ser empático, fomentar la comunicación entre todos los miembros. ¿Que si me siento identificado con todo ello en mis proyectos más recientes? En todos ellos hay un líder, compañeros de un nivel sobresaliente de los que aprendes en cada momento a cómo gestionar un proyecto; brainstormers que van proponiendo ideas sin parar… y también algún que otro gallo. A todos ellos, entre los que me incluyo, no nos vendría mal esa forma de resolver los problemas que los niños demuestran en el Marshmallow Challenge 🙂

Yo soy aquél…

No, no vamos a hablar del último éxito de Movistar+. No es Raphaelismo el hilo conductor de esta entrada de mi particular blog “Soft skills”.

Vamos a hablar de alguien que se define, en el ámbito personal, como alguien que busca hacer siempre piña, aunque esté rodeado de gente tóxica; alguien que es amigo de sus amigos, y que rehúsa el enfrentamiento, a no ser que se le rete continuamente; alguien que antepone el “ellos” al “yo” -aunque quizá lo haga en demasiadas ocasiones.

Vamos a hablar de alguien que, en el ámbito laboral, es imaginativo, defiende sus ideas, convirtiéndose muchas veces en un “brainstormer” sin fin y es capaz de echarle horas, en ocasiones, por encima de sus posibilidades, sin asumir que hay tiempos y límites para todo. Alguien que muchas veces escucha que los días tienen no más de 24 horas. Y, alguien, al mismo tiempo, para quien los retos, las situaciones complicadas, raras veces se convierten en un muro insalvable. Retomando de nuevo algunas de las referencias de este blog, alguien que supera esos muros -como al que se enfrentan los maratonianos-, siempre con su propio esfuerzo -y preparación- y con el apoyo de los suyos.

Sí, yo soy aquel… El que está detrás de estos dos párrafos de análisis personal y de los resultados que vienen en estos tres test de personalidad:

Team roles test result- free team roles test taking online at 123test.com

Jung personality test result- free Jung personality test taking online at 123test.com

Los resultados que ofrecen estos tres test sirven para hacernos una idea de cómo es aquel del que estamos hablando en esta entrada cuando se trata de trabajar en equipo. Es alguien que sabe lo que supone el trabajo en equipo, al que no le gusta perder el tiempo, que normalmente prefiere tomar un papel de cohesionador, siempre con un objetivo: que el trabajo se desarrolle en el mejor de los ambientes, promoviendo la comunicación entre todos para, también entre todos, salvar muros y llegar a las metas.

Y aquél del que hemos venido hablando hasta la próximo última palabra soy… yo.

P.D. Y si eres fan de aquel que te ha venido a la mente al ver el título y la primera línea de esta entrada, te lo pongo fácil… entra en este enlace

Como las meigas…o más

Las hay psicópatas, narcisistas o las que no disfrutan de la vida; también nos encontramos con las que, si cabe, son más egoístas y utilizan a terceras personas para causar daño. Existen también las chismosas y cómo no, las envidiosas. Todas ellas forman parte de ese grupo de personas a las que el psicólogo y escritor argentino, Bernardo Stamateas, calificó hace casi 10 años como «gente tóxica». Y todos, en algún momento de nuestra vida -y en ocasiones, en muchos- nos hemos topado con algún representante de esta especie. Porque, como las meigas -y quizá más- haberlas, haylas.

Ver las imágenes de origen

¿Cómo las identificamos? ¿Cómo hago para que no boicoteen nuestro trabajo? Recurro de nuevo a Dale Carnegie o nos basamos en este terapeuta argentino. Hoy apostamos por el segundo, si bien he de confesar que, una vez conocidas las claves de sus postulados, en mí al menos no ha ganado un «acólito». ¿Seré yo tóxico? Podrá parecerlo, porque estas líneas quizá denoten altanería o narcisismo; igual tú, que estás leyendo estas líneas, así lo creas. Pero nada más lejos de la realidad: todos tenemos rasgos tóxicos, la clave, como expone el propio Stamateas, está en que esos rasgos no se conviertan en lo que defina a nuestra persona y nos convirtamos en una de esas personas que dinamitan cualquier grupo, sea este familiar, laboral, social o del tipo que sea. Porque, haberlas, haylas… pero mejor no convertirse en uno de su especie.

Y, cuando nos encontramos con una de ellas, qué hacemos: protegernos, alejarnos de ellos y ponerles límites. Son tres las recomendaciones que se extraen de los postulados del terapeuta argentino… tampoco es que descubra la pólvora.

Y si no puedo alejarme de ellos, ¿cómo les hago frente? Pues depende de qué tipo de toxicidad nos encontremos delante, aunque quizá haya dos palabras clave para enfrentar -que no enfrentarse- estas situaciones: empatía y autoestima.

Porque, ponerse en el lugar del otro, aunque nos cuente entender su personalidad, siempre ayudará a afrontar el problema tóxico que tenemos delante; y ponerse a uno en primer lugar, convencerse de que el tóxico no podrá conmigo, nos ayudará a reconducirlo… o al menos que esa «meiga tóxica» no haga mella en mí. Porque, haberlas, haylas.

De Ferris, Pareto y Xavi Hernández: zapatero, a tus zapatos

¿Pero qué hace este titular y esta foto en el inicio de esta entrada?¿Qué tienen que ver Tim Ferris, Pareto y Xavi Hernández? En un principio puede parecernos que bastante poco o, si me apuráis, nada. Pero si nos adentramos un poco más en las claves de los dos primeros, veremos por qué acabamos hablando del nuevo entrenador del FC Barcelona -al menos mientras estoy redactando esta entrada. Y no será porque el de Terrassa -allí nació Xavi Hernández- vaya a trabajar 4 horas a la semana, sino básicamente porque ambos comparten la importancia de ser un equipo… y ahí la palabra clave es la de delegar. O como diría más de una de nuestras madres y nuestros padres, zapatero a tus zapatos.

Leyendo la prensa del 6 de noviembre, di con ese titular y entré en la noticia. Apenas unas horas antes había leído el material sobre saber delegar de estas Soft Skills transmedia y alguna que otra reseña sobre la obra de Tim Ferriss. No lo voy a negar: el mundo planteado por Ferriss de 4 horas laborales me parece un poco -muchísimo- fantasioso, pero a pesar de ello hay ideas con las que creo que sí merece la pena quedarse. La primera de ellas es la de ser un equipo, la de saber delegar, la de, en definitiva, zapatero a tus zapatos. Que puede que sepas hacerlo, claro que sí. Que seguro que si te apoyas en personas de tu confianza, si les dejas hacer, te irá mejor, de eso no cabe ninguna duda. Y vuelvo aquí a una frase que me viene por varios frentes en los últimos meses: solos iremos más rápido, pero juntos llegaremos más lejos.

Quizá en el ejemplo propuesto el protagonista no controle muchas de las tareas que quiere llegar a dominar, pero eso también es delegación, creo yo. Aquí no se dan esas fases -al menos, no todas- de yo hago, tú miras; yo hago, tú haces; yo miro, tú haces; yo no miro, tú haces. Pero esto, para mí, también es delegar: saber repartir las tareas desde un inicio e ir aprendiendo de cada uno de los miembros de tu equipo desde que lo ponemos en marcha. Confianza es la palabra clave.

Pero, ¿podemos encontrar otras claves que unan a Ferris y Hernández? Me quedo con una: la de la automatización y una especie de «subcontratación» que hace que aquello que pueden hacer otros mejor que él, que si lo hiciera él no tendría tanto rendimiento, lo «ceda» a otros miembros de su equipo. Y aquí entramos de nuevo en algo que considero fundamental, que nos sirve a todos: aquello que delegando en otros especialistas, subcontratando, automatizando o utilizando cualquier otro gerundio asociado, permita mejorar nuestro rendimiento, hagámoslo. Eso sí, detrás de ese delegar, ceder, automatizar o subcontratar, tiene que ir inexorablemente otro infinitivo: supervisar. Hay que revisar periódicamente el resultado de nuestras delegaciones, lo que vamos consiguiendo, para detectar posibles fallos, para no convertirse en un Terminator con muchos datos precisos, pero sin reflexión. Y en esa fase de reflexión, análisis, etc.-y también previamente, al exponer los datos a nuestro equipo, al directamente delegar, otra palabra es clave: la claridad. Si fallamos en ella, si no dejamos claro cuál es nuestro objetivo común, cómo queremos llevar a cabo el trabajo en equipo, cómo en definitiva queremos delegar, cada uno de los zapateros irá a sus zapatos, sí, pero el resultado será individual, nunca colectivo y, lo más seguro, que desastroso. Así que claridad, tanto a la hora de exponer como a la hora de analizar cómo va avanzando el trabajo del equipo.

Ferris habla también de centrarnos en lo importante, de eliminar aquello que no sea imprescindible. Esa será la clave para ser más productivos, relacionándolo con el sociólogo y economista italiano, Vilfredo Pareto y su ley del 80/20. Una ley de la que yo personalmente no había oído hablar, pero que, una vez conocida, define gran parte de nuestro día a día. Y valga como ejemplo estas líneas:

  • El 80% de los resultados de tu trabajo lo obtienes invirtiendo un 20% de tu tiempo.
  • El 20% de la ropa de tu armario la usas el 80% de tu tiempo; y el 80% de la ropa restante solo la usas un 20% de veces.
  • El 20% de los clientes de tu empresa generan el 80% de sus beneficios.
  • Solo utilizas el 20% de las apps que tienes instaladas en tu teléfono. El 80% restante apenas las miras.
  • El 80% de las críticas que recibimos proceden del 20% de nuestros conocidos.
  • El 80% de tus problemas proceden del 20% de las causas.
  • Solo te gusta el 20% de la música que escuchas en la radio, el 80% restante no te transmite nada.
  • El 20% de las medicinas que tienes en casa sirven para el 80% de las enfermedades.
  • El 20% de un libro representa el 80% de su esencia.

Estas ideas están extraídas de este blog y considero que sintetizan esa realidad del 80/20. Según Pareto -y Ferris- seremos más productivos si suprimimos de nuestra vida diaria aquello que no es imprescindible; esto es una boutade, y, en el sistema laboral actual, poco realista. ¿Qué hacemos, les decimos a nuestros jefes que a partir de ahora voy a trabajar el 20% pero que voy a ser súper productivo? ¿Que de todo lo que hago, sólo importa el 20%? ¿Y si nos centramos en el 20%, sólo otro mismo tanto por ciento será importante? Quizá sea demasiado crítico aquí, pero así como no creo que quepa ninguna duda de la importancia del saber delegar, de saber explicar, exponer, analizar. Solo así podremos ser un equipo y en él, Pareto, para mí, no tiene muchas opciones de formar parte. Y creo que en el de Xavi, tampoco.

Deliberando, que es gerundio

De todos los modelos de tomas de decisiones, sin ningún género de dudas, con el que más me identifico es con el de la deliberación. Soy una persona muy reflexiva -en ocasiones, demasiado- y sí que trato de analizar, primero, toda la información que tengo delante y que afecta a la decisión que he de tomar; después, las alternativas que hay a esa decisión, valorando incluso también otras opciones, como preguntárselo a la almohada o confiar en los míos para conocer su opinión. En cualquier caso, si por algo se caracterizan mis decisiones es por ser meditadas, por valorar pros y contras -en algunas ocasiones, no siempre, cogiendo papel y boli y anotando ventajas y desventajas. Trato de prever posibles consecuencias y lo que va a suponer el tomar o no una decisión. Lo que sí que no hago nunca es que otros tomen las decisiones por mí o dejar que pase el tiempo y sea este o el azar el que decida -no creo, por otro lado, que el tiempo decida nunca, sino que siempre hay una serie de factores que provocan una decisión.

Una tribu de tribus

Este año cumplo diez años en ella. Cuando decidí unirme a sus gentes, no eran tantos los que la formaban, ni tantas las subespecies que acogían. Es verdad que empezaba una agitación que con el paso de los años ha ido y sigue yendo a más. Hace ahora una década que me subí al carro de una tribu que no conoce fronteras; no sé si tú, lector, vas en este mismo carro, te subiste a él en algún momento o no, pero de lo que sí que estoy seguro es de que si miras a tu alrededor conoces a más de uno de esta tribu de tribus. Los hay, como yo, que ponen las calles de madrugada, enfundados en sus mallas, cascos y camisetas discurriendo por las calles de València; también tenemos a los vespertinos, que convierten el río de nuestra ciudad, la playa o el antiguo circuito de Fórmula 1 en un hervidero de gente cuando ya ha caído o va cayendo el sol; e incluso te habrás encontrado en algún momento, volviendo a casa de noche, con algún miembro de esta tribu dando cuenta de alguna serie a un ritmo un poco más rápido de lo habitual.

Esta es mi tribu, mi tribu de tribus, porque en ella cabemos todos, desde plumillas como el que está escribiendo ahora esta entrada para el Máster de Comunicación Transmedia de la UPV, a grandes chefs cuyo univerxo es admirado por todo el mundo, mi amigo del bar de bajo de casa o la locutora de mi emisora favorita; desde chavales hasta Grouchos que desde hace tiempo nos marcan a todos el camino; desde el más humilde de los trabajadores hasta el más reputado empresario que conozcas. El running, no cabe duda, es una tribu de tribus -por cierto, aquí te dejo un enlace por si te interesa saber a qué tribu perteneces, si es que vas en ese carro del que estamos hablando en esta entrada

¿Por qué es una tribu? A todos nos une una idea: buscamos el bienestar, ya sea físico, psicológico o ambos; y ese bienestar, esta tribu, te la da. Incluso puedes buscar a que subtribu perteneces, porque hay muchas, como habrás podido comprobar si has pinchado en el enlace que acabas de leer. Y aquí entra en juego otro de los aspectos clave: esta tribu se convierte muchas veces en un equipo y esa es la clave, creo yo, de que cada vez se una más gente a ella. Porque, como leerás en algún momento en este mismo blog, en equipo se llega más lejos.

Y dónde queremos estar a corto/medio plazo. Nuestra tribu lo que quiere es seguir contribuyendo a ese bienestar del que hablábamos antes y, quizá, conquistar nuevos adeptos… y nuevos espacios. Ya lo ha hecho en los últimos años -la imagen que vas a ver a continuación es un claro ejemplo de conquista :-).

Carril 5K Antiguo Cauce del río Turia (València)

Y para conseguir ese reto, para cumplir nuestra misión será fundamental no perder la esencia de lo que nos define: ser una tribu de tribus, en la que todos y todas caben, desde aquellos que ponemos las calles de madrugada hasta los que que vuelven a casa con el silencio de la noche tras sus últimas zancadas; desde grandes empresarias al humilde plumilla que, ahora sí, pone el punto final a este texto sobre su tribu.

MANIFIÉSTATE LZC: SIEMPRE APRENDIENDO…EN EQUIPO

Es este un manifiesto exclusivamente laboral. Y en él hay una idea clave y un compromiso personal fundamental: APRENDER cada día del trabajo de los demás, de los que nos rodean y de los que, no estando en la mesa de al lado, son parte fundamental para nuestro desarrollo pofesional.  Y se sustenta en algunas acciones relevantes, como: explotar nuestra curiosidad, preguntar todas las veces que haga falta y, sobre todo, evitar abrir jardines que pueden echar por tierra todo nuestro trabajo y reputación. Conclusión: si no sabes, no entiendes, tienes duda y quieres seguir aprendiendo, pregunta, apóyate en los demás. Delega.  Y transmíteles tu reconocimiento por sus conocimientos.  Pero si lo sabes, si dominas un tema, si puedes aportar, confía en ti mismo. Combinando ambas reforzaremos nuestro liderazgo, demostrando al mismo tiempo firmeza y empatía con los demás. Como vemos, en este manifiesto hay muchos “ellos” y algún “yo”. Y ambos somos fundamentales, porque ese SIEMPRE APRENDIENDO es recíproco –ellos me aportan, yo les aporto- porque: SOLO SE LLEGARÁ MÁS RÁPIDO, EN EQUIPO MÁS LEJOS.